El tabaco es malo para la salud. Si eres fumador es posible que no quieras leer este artículo, pero te recomiendo que lo hagas

Dr. Enrique Gómez-Alvarez Salinas

Dr. Enrique Gómez-Alvarez Salinas

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No es agradable para un fumador activo leer cualquier artículo médico referente al tabaco, porque el lector sabe a qué conclusión se va a llegar: “El tabaco es malo para la salud”.

Este artículo lo que pretende es fundamentar esta afirmación para convencernos de la necesidad de dejar de fumar.

Extensión del hábito de fumar

Es llamativa la rápida expansión del hábito de fumar, a pesar de que el tabaco, a diferencia del alcohol, entró en la historia relativamente tarde.

Los marineros de Colón fueron los que aportaron a España las primeras noticias sobre el tabaco, siendo España el país que lo introdujo en Europa

Lo que ocurre es que se introdujo como planta medicinal que se utilizaba para ayudar a cicatrizar heridas, para migrañas, dolores de muelas y otras acciones.

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Marineros de Colón introducen el tabaco en Europa

El embajador francés en Lisboa, llamado Jean Nicot, que era aficionado a la Medicina, fue el que transmitió estas noticias a la corte francesa, donde se divulgó su uso.

Por otros caminos, sir Walter Raleigh introdujo su utilización en Inglaterra desde las colonias americanas.

En la Europa del siglo XVII había ya una gran cantidad de fumadores, generalmente de pipa, lo que exigía situarse cerca de un fuego. Las tertulias y los clubs de fumadores tenían como fondo la chimenea, acogedora, pero necesa­ria para iniciar la combustión del tabaco.

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Club de fumadores

Durante el siglo XVIII se inventa un sistema especial para obtener el efecto del tabaco sin precisar quemarlo y, por tanto, sin depender de un fuego cercano. Se prepara el tabaco en forma de polvo fino que se aspira por la nariz («esnifar»): el rapé.

Durante el siglo XIX se inventan las cerillas y los encendedores.

Aparece entonces una nueva presentación del tabaco que son los cigarrillos. Están fabricados con pequeños trozos de la hoja de tabaco envueltos en papel fino que se queman y se aspiran.

Los grandes incrementos de consumo del tabaco se han encontrado ligados a guerras

En estas circunstancias se ha favorecido la implantación del hábito entre grandes ma­sas de la población.

Primero fue, a mediados del XIX, con la guerra de Crimea (1853-1856), donde Inglaterra y Francia combatían a Rusia. Para entre­tener a los soldados se les envió tabaco en grandes canti­dades. El hábito de liar el tabaco hacía estar entretenidos a los soldados. Comenzó así la adicción de un elevado número de jóvenes que, terminado el conflicto, volvieron a sus hogares con el hábito adquirido.

Lo mismo se repitió tras la primera guerra mundial (1914-1919). Gran parte de esta guerra se desarrolló en forma de «guerra de trincheras», con mucho tiempo de espera donde los soldados estaban encerrados en estas trincheras. Los combatientes de ambos bandos recibieron tabaco en gran cantidad.

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Soldados fumando en las trincheras

La actitud de la sociedad en general era permisiva ya que entendía que el tabaco aliviaba tensiones y no tenía efectos nocivos, que en ese momento se desconocían. No se sabía aún que el tabaco es malo para la salud.

Tras el armisticio, los soldados siguieron fumando en sus casas, y por ello, curiosamente, fumar se convirtió en un atributo masculi­no, algo que los varones «habían ganado» luchando.

Esta­ba mal visto que las mujeres fumaran, porque ellas no habían combatido. Sólo las vampiresas del cine fumaban con larguísimas boquillas.

Los niños, para creerse mayores, también fumaban a escondidas.

Con la segunda Guerra Mundial (1939-1945) de nuevo los varones dejan sus puestos de trabajo para incorporarse al ejército, mientras la mujer deja su casa y ocupa los puestos vacantes en fábricas y empresas. Pero en estos puestos ya se fumaba, y ahora es la mujer la que se incorpora masivamente al mundo del tabaco.

Al acabar la guerra, ambos sexos se encuentran igualados en cuanto a hábito de fumar.

Ya no hay reticencias hacia la mujer fumadora y, es más, se ve que la mujer es un nuevo consumidor que puede preferir productos especiales, por lo que constituye un nuevo campo de atención para las compañías fabricantes de tabaco.

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Tras la segunda guerra mundial la mujer comienza a fumar masivamente

En la actualidad nos encontramos con un mundo de fumadores que mueve enormes intereses económicos. Es difícil emitir juicios objetivos y sin carga emo­cional, pero la Medicina tiene unas conclusión muy clara: el tabaco es malo para la salud.

Hay que explicar las razones.

Los motivos del fumador para seguir fumando

¿Por qué se fuma?

Podemos decir que, básicamente, por tres razones distintas:

  • Por buscar el efecto de la nicotina
  • Por buscar un gusto y un aroma
  • Por ciertas actitudes o hábitos psicológicos que se concretan en el hecho de fumar

1 – Efecto de la nicotina

El fumador busca, necesita, el efecto de la nicotina en un organismo ya habituado a esta sustancia. Es por la dependencia que ha generado.

La nicotina tiene un comportamiento peculiar ya que es una sustancia excitante.

Sin embargo, en el organismo del fumador se compor­ta como un sedante.

Sí, la nicotina, farmacológicamente, es una sustancia excitante.

Cuando la persona fuma por primera vez puede presentar náuseas, sudor frío, taquicardia, postración general, como efecto de excitabilidad al organismo.

Sin embargo, en cuanto el cuerpo se habitúa (lo que, además, ocurre muy rápidamente) el propio cuerpo estima que lo nor­mal es tener cierta cantidad de nicotina en la sangre.

Es precisamente la falta de nicotina la que le crea un estado de intranquilidad o desasosiego que sólo calmará cuando aporte al organismo la nicotina que le falta.

El organismo se relaja al fumar porque rompe la abstinencia a la nicotina.

Pero que esta situación no nos confunda, el tabaco es malo para la salud.

La nicotina penetra en el organismo con el humo del tabaco. Pasa a la sangre y se elimina por los riñones.

Para mantener el nivel de nicotina al que el fumador se en­cuentra habituado hay que fumar periódicamente; de no hacerlo así, este nivel decrece.

Por ello el fumador sufre en las circunstancias en que no puede fumar. Por eso también el cigarrillo que mejor sienta es el que se fuma a primera hora de la mañana, cuando después de haber dormido siete u ocho horas (sin haber fumado), el organismo se encuentra en un nivel más bajo de nicotina en sangre, y la reclama rápidamente.

La nicotina, por sí misma, no es perjudicial desde el punto de vista sanitario.

Sólo en personas con problemas circulatorios periféricos puede acentuar este malestar, pero en la generalidad de la población y a las dosis proporcionadas por el consumo habitual, la nicotina no tiene fuertes efectos negativos.

Lo malo es que la nicotina debe vehicularse por el humo del tabaco, y el humo tiene otros componentes que, éstos sí, tienen un efecto patológico muy concreto. Por esto el tabaco es malo para la salud.

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Foto de Mathew MacQuarrie en Unsplash

2 – El fumador busca el placer del gusto y del aroma del tabaco

Además del efecto fisiológico por la dependencia a la nicotina, el fuma­dor busca en el tabaco un gusto y un aroma.

El gusto parte de las papilas gustativas de la lengua y el aroma procede del efecto del humo del tabaco sobre los corpúsculos olfatorios de las fosas nasales.

En general, existe un gran acostumbramiento tanto al gusto como al aroma, de modo que lo normal es ser adicto a un cierto tipo o incluso marca de tabaco. Por ello la introducción de cualquier otro sabor supone un fuerte planteamiento publicitario para romper la barrera de la costumbre.

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El organismo se acostumbra al sabor de una marca de tabaco

3 – Actitudes y hábitos que contribuyen al mantenimiento del consumo de tabaco

Existen en el hábito de fumar una serie de automatismos que vienen a servir de descarga psicológica y que integran un conjunto de gestos que nos son habitua­les.

En el fumador de cigarrillos es el juego con el pitillo, la mecánica gestual del encendedor, el manejo del cigarrillo mientras se habla o se trabaja.

En el fumador de pipa adquiere la categoría de un verdadero ritual, con los utensilios espe­ciales para su limpieza, la colocación cuidadosa de la mezcla, su compresión, el mantenimiento de la combus­tión.

También prender bien un puro exige una técnica depurada: cortar el extremo, ir quemando con el puro inclinado para caldear la capa…

Por eso, por esa ayuda psicológica de gestos bien conocidos y mil veces repeti­dos, se dice que el tabaco ayuda en todas las ocasiones y que para el fumador habituado cualquier motivo es oca­sión de fumar: una alegría, una tristeza, la necesidad de concentración o unos instantes de relajación y sosiego.

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Fumar en pipa se convierte en un ritual

Aspectos médicos del tabaco

El humo del tabaco vehicula una enorme cantidad de sustancias, pero desde el punto de vista médico podemos establecer cuatro grupos importantes: la nicotina, el mo­nóxido y dióxido de carbono, los aldehídos y ácidos irritantes y los alquitranes.

La nicotina constituye la “fuerza” del tabaco, buscada por el fumador. Es la sustancia que provoca la adicción y la dependencia.

Excepto en personas predispuestas, no produce ninguna patología especial.

Lo mismo ocurre con el dióxido de carbono desprendido en la combustión (C02), y, hasta cierto punto, con el monóxi­do de carbono (CO) que, aunque en mayor cantidad pue­de ser tóxico, en las concentraciones en que está presente en el humo del tabaco no presenta ningún efecto patológico.

Los aldehídos y ácidos irritantes son un conjunto com­plejo de sustancias que tienen un efecto irritante sobre la mucosa respiratoria, produciendo la inflamación de di­versos tramos de esta mucosa y causando laringitis, faringitis o bronqui­tis. Su problema fundamental es la persistencia del irri­tante, que hace que su efecto se cronifique y conduzca al ciclo bronquitis crónica-enfisema-insuficiencia respirato­ria, procesos clínicos que pueden ser muy invalidantes.

Finalmente, con el término alquitranes englobamos un conjunto de sustancias procedentes de la destilación del tabaco, y que presentan efecto cancerígeno, en espe­cial en el pulmón (bronquios), pero también en otras muchas localizaciones (laringe, boca, intestino grueso, esófago o riñón).

Este efecto está claramente demostrado por infor­mes médicos rigurosos, que convierten al tabaco, no sólo en un agente promotor de numerosas enfermedades, sino, a consecuencia de ellos, en un agente que produce acortamiento de la vida.

Conclusión: El tabaco es malo para la salud

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Foto de Sujan Par en Unsplash. El tabaco es malo para la salud

Acortamiento de la vida por el hábito de fumar

El tabaco es malo para la salud y el tabaco acorta la vida.

¿Cuánto la acorta?

Hay que distinguir entre dos tipos de fumadores: el de puro o pipa y el de cigarrillos.

Hemos dicho que el fumador busca el efecto fisiológi­co de la nicotina, la “fuerza” del tabaco.

Para ello la nicotina debe penetrar en la sangre.

Pues bien, la nicotina contenida en el puro y en el tabaco de pipa, por su curado especial, se absorbe directamente en la boca, en especial en el plexo venoso sublingual. Por eso en este tipo de tabaco no es preciso “tragarse” el humo (en realidad, inhalarlo, haciéndolo pasar a los pulmones) para obtener el efecto fisiológico de la nicotina.

Por el contrario, el tabaco del cigarrillo se ha tratado de modo especial para que mantenga su combustión de modo continuado, como se ve claramente, pues el cigarrillo dejado en reposo (sin inhalaciones) continúa su com­bustión de modo autónomo.

En este proceso, la nicotina ha tomado otra forma química (estado de sal ácida) por la que no se disuelve en la boca, sino que el humo debe inhalarse hasta los pulmo­nes para que, a través de ellos, pase la nicotina a la sangre.

En esta inhalación el fumador debe aportar a los pulmones todo el contenido del humo, es decir, que junto a la nicotina vehicula los otros componentes peligrosos que antes hemos mencionado y que de esta forma produ­cen su variada patología desde la bronquitis crónica y el enfisema hasta el cáncer.

Sanitariamente es mucho mejor fumar puros o en pipa que fumar cigarrillos

Los cálculos realizados sobre el acortamiento de la vida al fumar se refieren específicamente al consumo de cigarri­llos.

De la comparación estadística de la dura­ción de la vida de grupos similares de fumadores y de no fumadores se puede deducir que cada cigarrillo fumado acorta la vida unos cinco minutos.

Para un fuma­dor de dos paquetes diarios supone unos cincuenta días por año, lo que, a su vez, y considerando un período de treinta años, supone un acortamiento vital de unos cuatro años.

Pero no sólo queremos longitud de vida, sino calidad de vida. El tabaco es malo para la salud y con sus efectos directos provocados sobre todo por los alquitranes y por los aldehídos, proporcio­na una vida de mala calidad, por lo que se deben hacer todos los esfuerzos posibles para conseguir dejar de fumar.

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Foto de Kilian Seiler en Unsplash

Consejos sanitarios para conseguir dejar de fumar o disminuir los riesgos del tabaco

Debemos tener en cuenta que existen dos tipos de fumadores:

Los que realmente precisan el efecto orgá­nico del tabaco, porque tienen dependencia a la nicotina.

Los fumadores sociales, que se han introducido en el hábito de fumar porque facilita relacio­nes, entrevistas, negocios, etc. Estos últimos pueden abandonar más fácil­mente el hábito de fumar que los que tienen una dependencia establecida.

Escala de recomenda­ciones sanitarias:

1- Lo mejor es no fumar en absoluto. Si no fuma, enhorabuena. Si fuma, procure dejar de fumar.

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El tabaco es malo para la salud: Hay que dejar de fumar

2- Si se es fumador, lo mejor es serlo de puros o hacerlo en pipa. Si lo es de cigarrillos, puede intentar pasarse al puro (o a los actuales puritos), pero fumando como el fumador de puros, es decir, sin tragarse el humo. Hay que tratar de dejar de fumar cigarrillos.

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Foto de Mehdi Imani en Unsplash. Fumar en pipa

3- Si no quiere dejar de fumar cigarrillos, fume poca canti­dad, de marcas con poco contenido en alquitranes, y con filtro, preferentemente de carbón activado.

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Filtro de carbón activo

4- Si, por último, no quiere dejar de fumar cigarrillos a su ritmo habitual, compénselo con una vida sana en otros aspectos: ejercicios, sobre todo de componente respirato­rio, y aporte complementario de vitamina C, que se en­cuentra disminuida en los fumadores.

Deporte y Salud Mental
Foto de Enrique Gómez Álvarez Salinas

Pero nunca olvide que el tabaco es malo para la salud

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